Usted tiene 20 minutos para exponer – se escuchó en la voz segura y firme de él, un hombre ya considerado de la tercera edad al tiempo que miraba su reloj para marcar el inicio del tiempo ofertado y para romper un poco el momento de tensión me apresuré a decir 25 minutos mejor.

Así comenzó aquella exposición del trabajo que me demandó casi 6 meses terminarlo tanto por lo perfeccionista de los detalles como por la dificultad en conseguir uno u otro dato. Teniendo por público sólo a los miembros de mi jurado, una de mis mejores amigas de la facultad y a la persona que guió mis pasos y a veces me hizo dar saltos… por el fascinante mundo de los antígenos y anticuerpos.

“El lupus eritematoso sistémico es el modelo de enfermedades autoinmunes y posiblemente el primer caso que se registre sea una momia peruana…” – repetía con voz fuerte y convincente mas, mi mano temblorosa empuñaba cierto objeto que desprendía una luz roja que me permitía señalar aquel pedazo blanco en donde se proyectaban el texto que leí minutos antes.

Continuaba explicando las diferentes manifestaciones de aquella enfermedad que motivó mi investigación, siempre con un sudor en las manos y con una mirada fija en las tres personas que conformaban mi jurado calificador y escuchaban atentamente cada una de las explicaciones que repetía para los resultados de mi trabajo; hasta que al fin terminé aquel monólogo con un sonoro gracias. – Falta un minuto – mencionó la persona sentada en posición central. Ahora sí, los 25 minutos solicitados.

Me sentía como un acusado frente a un juez, respondiendo a matar por demostrar y ratificar cada uno de mis resultados y no dejar dudas al respecto. - Explique Ud. como se relaciona el elevado índice de radiación ultravioleta con lo que ha encontrado en el desarrollo del presente trabajo - Tartamudee un momento antes de expresar la respuesta a aquel pedido; debí sonar convincente pues no hubo repregunta. Así continuó la ronda hasta llegar al turno a la persona que ocupaba la posición central, quien del bolsillo derecho de su terno color plomo extrajo una hoja doblada en cuatro y comenzó a leer lo escrito: “dentro de su investigación encontró datos discrepantes con otros trabajos antes realizado, podría explicarnos la causa de ello”. Recapacité unos segundos antes de contestar. Luego más seguro de mis conocimientos di rienda suelta a lo que conocía sobre aquellas diferencias. Y la suerte de tiroteo sobre lupus continuaba en tanto mis reservas de adrenalina y demás estaban agotándose. “Explique la relación entre el Síndrome de Evans y el Lupus” – escuché, al tiempo de poner en orden mis ideas sobre esta nueva interrogante y con el nerviosismo después de casi unos 10 minutos de respuestas (que para mi fueron interminables) mi mente sólo recordaba una de las características de aquel síndrome y sobre esa característica basé mi contestación. Aún con mi insuficiente argumento el presidente de mi jurado se dio por cumplido y expresó: El jurado calificador solicita a los presentes abandonar la sala. Salí de aquel recinto semioscuro en el que se había producido aquella exposición.

- Respondiste muy bien, bueno no precisaste lo del Síndrome de Evans – dijo mi asesor. Te faltó lo de anemia hemolítica y las pruebas de Coombs.

- Sí doctor, me “nublé” y sólo recordaba los eventos purpúricos.

- ¡Amiguito! Lo hiciste bien, sólo la última pregunta – escuché de la voz de mi menuda compañera.

- Todo bien – repitió mi asesor con una palmada en la espalda– Ahora sólo el jurado está firmando y luego se ponen a contar chistes.

- Eso espero – dije un poco más aliviado mientras saludaba a mi familia que por excentricidades mías esperaban afuera del recinto.

Luego de un tiempo uno de los miembros del jurado nos invitó a pasar, leyendo el acta con la cual declaraba aprobado mi proyecto. Sentí un alivio, respiré hondo y me dije: al fin terminé (al menos la tesis... jajaja).

To Be Continued…